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miércoles, 1 de enero de 2014

miércoles, 25 de diciembre de 2013

REFLEXIONES DE FE DEL PADRE GREGORIO MAKANTASSIS PARROCO DE SANTIAGO DEL ESTERO


LA ORACION EN EL NOMBRE DEL SEÑOR:

La “oración a Jesús es conocida también por nuestra tradición ortodoxa como la oración del corazón (de la mente en el corazón) consistente en una breve fórmula piadosa que se repite: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios,  ten piedad de mí pobre pecador”, su origen se puede descubrir en el ambiente de búsqueda de una oración continua que sella intensamente la historia espiritual de los primeros siglos cristianos, que se remonta particularmente el peregrinar de los Padres del desierto. Es doctrina común del monacato primitivo la búsqueda del ideal de la oración incesante. Se dice de San Antonio de Egipto, quien ha pasado a la historia como: el padre de los monjes quien «rezaba constantemente, pues había aprendido que era necesario rezar incesantemente en privado». La aspiración a una oración constante se nutre de las enseñanzas del apóstol San Pablo que exhorta en su cartas a vivir «perseverantes en la oración» (Rom 12:12) y a «orar sin cesar» (1Tes. 5: 17).
            Se recomienda, más aún en estos tiempos de tanta necesidad espiritual, como fórmula privilegiada la “oración a Jesús” que es una fórmula abreviada que sintetiza la espiritualidad monástica de lamentación y dolor por los propios pecados. Es así que la constante repetición de jaculatorias: oraciones cortas, oral o mental, de una oración o frase breve o de una sentencia de la Sagrada Escritura para alabar al Señor, obtener ayuda o para implorar perdón, se descubre en la temprana tradición cristiana y se va enlazando esta práctica con el propósito de alcanzar la oración continua.
            Entre las referencias a la invocación del nombre de Jesús puedo citar una oración de San Isaac de Siria, Obispo de Nínive (Sig. VII): «Oh nombre de Jesús, llave de todos los dones, abre para mí la gran puerta de tu casa del tesoro para que pueda entrar y alabarte, con la alabanza que nace del corazón, como respuesta a tus misericordias que vengo experimentando de un tiempo acá; pues tú has venido y me has renovado con la conciencia del Nuevo Mundo».
            El surgimiento de la Oración a Jesús, se lo vincula a la oración humilde del publicano el que aspirando a la misericordia divina oraba: «¡Oh Dios! ¡Se propicio a mí, pecador!» (Lc 18,13). Es la forma correcta de orar en la que podemos aprender del publicano; por lo que no tengamos vergüenza de orar a Dios como él lo hizo, con unas pocas simples palabras, las que fueron suficientes para que obtuviera perfectos resultados, así tu oración será más liviana que una pluma. Pues si este modo de orar justificó a un pecador, cuanto más fácilmente elevará a un hombre justo a las alturas, por eso lleva siempre la palabra del publicano en tu corazón y pronúncialas con tus labios al Señor.
            Asimismo en el Nuevo Testamento en referencia al Señor Jesús, así como a las acciones realizadas en su nombre encontramos entre las citas: «Santificado sea tu nombre» (Mt 6,9; Lc 11,2), de la oración del Padre Nuestro; o «bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), de la misión apostólica, en la Carta a los Filipenses 2: 9-11: «al nombre de Jesús, toda rodilla se doble --en el cielo, en la tierra, en al abismo-- y toda boca proclame que Jesucristo es Señor»; en los Hechos de los Apóstoles 4:12: «Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» y en el Evangelio según San Juan16:23-24: «Pues sí, os aseguro que, si alegáis mi nombre, el Padre os dará lo que le pidáis. Hasta ahora no habéis pedido nada alegando mi nombre. Pedid y recibiréis, así vuestra alegría será completa».
El ejercicio de la invocación del nombre del Señor Jesús, además de una manifestación de fe, es fruto de la convicción sobre el poder del nombre de Dios. Así, la invocación del nombre no se limita a una evocación piadosa sino que es además portadora de una fuerza o dinamismo salvífico que actualiza su presencia. El contexto de la oración a Jesús es la fe. El obispo griego-ortodoxo Kallistos Ware, sostiene: «El Nombre es poder, pero una repetición puramente mecánica, por sí misma, es incapaz de lograr algo. La Oración a Jesús no es un talismán mágico. Como en todas las operaciones sacramentales, se requiere que el hombre coopere con Dios a través de su fe activa y su esfuerzo ascético. Estamos llamados a invocar el Nombre con recogimiento y vigilancia interior, manteniendo nuestra mente en las palabras de la Oración, conscientes de a quién nos dirigimos y quién nos responde en nuestro corazón». El dice enfático que la oración a Jesús «no es un instrumento para ayudarnos a concentrarnos o relajarnos. No es simplemente una parte de un 'yoga cristiano' un tipo de 'meditación trascendental' o un 'mantra cristiano', es una invocación dirigida a otra persona: Dios hecho Hombre, Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor». Por lo que practiquemos esta oración desde lo más profundo de nuestro corazón y conscientes que la elevamos a nuestro Dios.


                                                           PADRE GREGORIO MAKANTASSIS

domingo, 1 de diciembre de 2013

EL DESARROLLO ECONOMICO DE LA COLECTIVIDAD ARABE EN SANTIAGO

El desarrollo económico de la colectividad árabe y sus potencialidades en Santiago del Estero y su vinculación con los países árabes. HAGA CLIK AQUI

miércoles, 16 de octubre de 2013

CUENTO SUFI .REALMENTE PARA REFLEXIONAR

Un féretro


Un niño lloraba ante el féretro de su padre:

"¡Oh padre mío! ¡En adelante tu sitio estará bajo la tierra! ¡Querido padre! ¡Estás en una morada tan estrecha, tan desprovista de todo! ¡Ni manta, ni cojín, ni jergón! ¡Sin una vela en la noche ni pan durante el día! ¡Sin puerta, sin techo, sin vecinos compasivos! ¡Ni siquiera el olor de una comida! ¡Sólo una morada tan estrecha que cualquiera perdería en ella el color de su tez!"

Entre los asistentes, había otro niño, llamado Dyuha., que al oírlo, se volvió hacia su madre y le dijo:

"¡Madre!... ¡este niño está hablando de nuestra casa...!"

miércoles, 11 de septiembre de 2013

MARCHA EN NUESTRA PROVINCIA PARA PEDIR POR LA TAN ANSIADA PAZ EN SIRIA


CUENTO SUFI REALMENTE HERMOSO

El hombre libre y el esclavo

Un derviche estaba sentado en un negocio tomado te, observando el gran despliegue que había causado el Sultán de esa zona al salir a caballo con todo su séquito a recorrer la ciudad, que era el asiento de su dominio.
El derviche observaba sin decir palabra todo lo que ocurría, y veía como la gente lo aclamaba, lo llenada de elogios, todo el mundo trataba de ponerse en posición para que el Sultán lo pudiera ver y reconocer, y el Sultán parecía estar disfrutando de un buen momento.
Finalmente, en su trayecto llega al negocio donde estaba este derviche. Cuando entra el Sultán, el derviche mira hacia otro lado, se da vuelta y continua disfrutando de su te. Eso molesto al Sultán terriblemente.
Se da vuelta el Sultán y le dice a su Primer Ministro: 
“Demuéstrenle a ese rudo derviche un poco de buenas maneras!”
El derviche sin que le molestara en absoluto la orden del Sultán que significaba por supuesto un castigo muy severo, le dice al Primer Ministro:
“Dile a tu amo, que el puede ejercer su autoridad sobre la gente de este mundo que lo necesita a el. Yo no lo necesito ni respecto ninguna autoridad de este mundo y solo respeto la autoridad de Dios. Y por favor, que ningún ser en esta tierra llegue a presumir que puede imponer su dominio y autoridad, sobre un pobre hombre que simplemente le negado y dado vuelta su cara al mundo. Que ha dejado el mundo y su espíritu esta inclinado hacia Dios”.
Al oír estas palabras, el Sultán se dio cuenta de que estaba frente a un hombre de Dios e inmediatamente el pido a su Primer Ministro:
“Por favor, trata con suma delicadeza y generosidad a ese pobre derviche, porque el habla la Verdad”.
Entonces, el Primer Ministro se da vuela y el grita:
“En tu, derviche! Ya has oído la orden de mi Sultán! Pide cualquier cosa que tu desees”
Al escuchar esta oferta, el derviche nuevamente sin darse vuelta, le dice:
“Que puede un hombre libre desear de un esclavo? Yo soy un hombre libre y el Sultán es un esclavo”
Al oír esto, el Sultán nuevamente se molesto por esas palabras y le pregunta:
“Tu eres libre y yo soy un esclavo! ¿Cómo es eso?”
Y el derviche le responde:
“Tu sin ninguna duda eres un Sultán, pero eres un ciego y un esclavo de tus pasiones. Tus ordenes y tus favores solo pueden servir para calmar esas pasiones bajas, y solo pueden ayudar a aquellos que son esclavos de su naturaleza inferior y van a pedirte ayuda a ti, y no al Dueño de nuestra Creación”.
Y continuo diciendo:
“Gloria a Dios! He puesto todo mi ser a Sus ordenes, a las ordenes de Dios y eso me ha hecho libre de las pasiones de este mundo. Es por ello que tu eres un esclavo y yo un hombre libre. Y sin ninguna duda, un esclavo no puede hacerle favores a un hombre libre. Siempre es lo opuesto!”.

jueves, 18 de julio de 2013

HOMENAJE AL DIA DEL AMIGO. A LOS QUE CONSIDERO DE VERDAD VA ESTE CUENTO

CUENTO ARABE REALMENTE SABIO


AMIGO


Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.
El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
"Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro".
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
"Hoy mi mejor amigo me salvó la vida".
Intrigado, el amigo preguntó:
-¿Por qué, después que te lastimé, escribiste en la arena, y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió:
-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.